
Unos aplausos ansiosos, un frío tajante, y miles de oídos dispuestos a enfermarse con la fiebre mexicana; fue lo que primó el sábado por la noche en el Luna Park minutos antes de que Café Tacuba minara el escenario con su frenética energía musical. Las luces se apagaron, y los gritos de los fans clamaban por el comienzo del show con el que los mexicanos celebraron sus 20 años de trayectoria en 20 ciudades.
La percusión empezó a retumbar por los cuerpos y las pantallas gigantes plasmaron en un par de fotografías la larga historia de este emblema del rock latino. Luego de unos segundos, sobre una intensa oscuridad aparecieron, ellos: los cuatro -cafetas-, tratando de cumplir su objetivo, el de hacer delirar a nuestras conciencias. “Alarma de Tos” bendijo el escenario. Rubén, corrió de punta a punta ese mítico “santuario” sin alterar su voz. Puro rock y luces destellantes titilaban en las pupilas.
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¿Cola de león o cabeza de ratón? John Frusciante, integrante de los Red Hot Chilli Peppers debe afrontar este dilema cada vez que el talento golpea sus manos sobre la guitarra.
Su trabajo como solista es sencillamente demoledor. La conjugación perfecta de sonidos, emociones, sensaciones, colores y letras. La melancolía, la extrañeza en la medida justa hacen de su música el encuentro más sofisticado que jamás había alcanzado el compositor.
Difícilmente se pueda hablar individualmente de algunos tracks que integran el disco, ya que el mismo, desde principio a fin no tiene desperdicio.
“Carvel”, el primer track del disco, nos deja atónitos con sus coros y guitarras bien logradas; donde sonidos por momentos indescriptibles son inesperados para un clásico guitarrista. Voces homogéneamente enlazadas hacen que el público quiera un poco más cada vez.
Así llegamos a “Omission” plagada de una pseudo nostalgia que batalla, en todo momento que aparece el estribillo, contra corazones adormecidos que buscan la vida y esperanza en algo más que una canción.
Otro tema memorable, con un estribillo descollante es “Ricky”, el cual nos obliga , y me obliga a tararear una y otra vez sin parar; aunque no sepamos qué, solo el ritmo nos tiene presos e hipnotizados.
“Second Walk”, quizás la más frenética del cd, con pura energía logra, en su breve duración, sacudir nuestros oídos con esa guitarra que vive intensamente el placer de ser acariciada.
“Wednesday´s song”, melancolía pura desde otra mirada. Algo nuevo para las almas que buscan redención. Este muchacho logra sacudirnos con una canción que contiene la emoción suficiente para devolvernos las ganas de estrellarnos contra un cielo despejado.
Otra muestra de puro rock and roll es “This Cold” . Sencillamente increíble, como el resto del disco. La aplicación perfecta de todos los sentidos en una canción.
Por último, la mejor canción del disco. “Song To Sing When I'm Lonely”, composición que en poco más de tres minutos encierra toda la magia y sinceridad que transmite el disco. Una letra claramente espectacular con un sonido mucho mejor; y unos coros que nos atraviesan. La frescura de lo simple se hace presente con las notas . A tener en cuenta, lo mejor, los ultimos 30 segundos. Aquí la piel, el aire y los sonidos fusionan perfectamente de manera casi afrodisíaca.
Sin dudas Frusciante no debe extrañar a los Red Hot Chilli Peppers, ya que en su papel como solista ,en este disco ha logrado alcanzar una madurez y nivel de composición admirable. Simple y al corazón. Nostálgico y esperanzador. Innovador y clásico. Un disco para tener en todo momento pegado a nuestros oídos. Simplemente , extraordinario
R.E.M, Kaiser Chiefs,Bloc Party y The Mars Volta en Buenos Aires (01/11/08- Personal Fest)
¿La concurrencia? Magnifica, ya que a pesar de que todavía no se había escondido el sol, la gente esperaba ansiosa el delirio musical.
Y así comenzó, a las 7 de la tarde, con un calor agobiante, The Mars Volta se presentó en el escenario. Una banda que hizo destornillarnos con su rock progresivo experimental, en la fusión de sus sonidos. Una presentación frenética y con gran energía. La batería en todo momento provocaba sonidos estrepitosos y poco a poco perforaban nuestras cabezas. Una energía en esa batería pocas veces vista antes. En el bajo Omar Rodriguez-López, el excéntrico músico no paraba de moverse al compás de la música y su instrumento. Donde con piruetas, parecían formar una sola cosa: un arma para nuestra conmoción musical. El cantante, Cedric Bixler-Zavala, nos exaltó con ese micrófono que iba de un lado para el otro todo el tiempo. También se dio el lujo de las piruetas y hasta se acerco al fondo del escenario para hacer algo propio del Rock and Roll: comerse parte de la escenografía– literalmente-. Hasta ese momento todos pudimos pensar y asegurar que, el rock en serio y bueno estaba presente en ese lugar.
Luego de Mars Volta, le toco el turno a los británicos de Bloc Party, donde con sonidos más ordenados y clásicos; y con un gran carisma el vocalista, Kele Okereke, hizo que el publico, empezara a saltar con sus grandes hits como: Banquet y Helicopter.
El Indie rock de Bloc Party, ya es un clásico innovador. La fusión perfecta de voces, guitarra, batería, y un sol que se escondía en un atardecer maravilloso; nos hacían notar que esta banda en crecimiento sabe muy bien como ofrecernos gratos momentos para nuestros oídos.
Más tarde, y ya de noche, fue el turno de Kaiser Chiefs. Otros britanicos en el escenario que harían mover el esqueleto con grandes canciones como “Ruby”, “I predict a Riot”, y “Everyday I Love You Less and Less”. La premisa de Ricky Wilson de volvernos locos se cumplió a la perfección. La gente no podíadejar de saltar con esas grandes canciones y la energía que se trasmitía desde el escenario.
Ya con una noche perfecta, la espera terminaba y el presente era deseado. A las 22:10, como estaba previsto, R.E.M se hizo presente. Arrancaron con canciones del último disco y demostraron que la noche iba a corromper la pasividad de las 35 mil personas presentes en el Club Ciudad.
Un show extraordinario, un Michael Stipe totalmente carismático pregonaba el furor de sus voz. Llegaba el momento de grandes clásicos de R.E.M como “Electrolite”, “Bad Day”, “Its the end of the world…” “Imition of life”. La intimidad del público con la banda era absoluta.
Llegaba el momento de grandes actuaciones como “Orange Crush” donde Stipe, con la ayuda de un megáfono hizo su mejor interpretación. El público extasiado saltaba en un sin fin infinito. Luego, la pasividad llegó con “Everybody hurts” esa canción que acompaño en la obscuridad de la noche a miles de estrellas nostálgicas.
Para el cierre lo mejor, por supuesto, un “Losing my religion” ,que fue esperado toda la noche descolló en el final. Las mejores notas de un hit que hizo estremecer millones de almas desde que salió de las cabezas de los R.E.M , lo volvió a hacer de manera sincrónica esa noche. Como si el tiempo no pasara, como si la música fuera eterna, “Losing My religion” desbarato la racionalidad.
El cierre final con “Man on the moon” encendió la chispa en ese momento. La guitarra de Mike Mills acrecentaba la locura.
Así fue que un sábado como cualquier otro, simplemente, un par de canciones, un par de bandas; llevaron al borde de la locura a casi 35 mil personas.


